La Señora de Cao

SEÑORA DE CAO: LA DAMA DE LOS TATUAJES

Régulo Franco Jordán
Fundación Wiese

La historia presentada a continuación es una reconstrucción de la vida y obra de una poderosa mujer, denominada Señora de Cao. Considerada la primera gobernanta del mundo Mochica, ostentaba el poder del valle Chicama hacia finales del 400 D.C. Murió a los 25 años aproximadamente. Medía 1.48 cts. de estatura y tenía como distintivo tatuajes de símbolos sagrados de la época. La narración tiene base científica de los últimos hallazgos arqueológicos. Los nombres de origen muchik son ficticios.

El nacimiento de la niña se produjo en medio de una noche estrellada con estelas de luz anunciadoras, la cruz del sur y la luna en cuarto creciente. Fue bautizada con el nombre Mecherraec. La llegada de la futura soberana fue festejada en todo el reino de Chicama. Se ofrecieron, por su nacimiento, liturgias de bienvenida y salud, así como rituales de caza de venados. A los pocos meses de nacida, la bebé enfermó y tuvo que ser atendida por la maestra Pallar, quien a su vez fue maestra de su madre, Eng. Eng aprovechó esta oportunidad para consultar con la maestra Pallar el futuro de su hija, elegida para ocupar el trono. La maestra le reveló que vendrían tiempos de desgracia durante el reinado de la soberana, pero que ella calmaría la situación; también le anunció que tendría complicaciones muy serias con su salud y que fallecería después de un parto. Al escuchar esta revelación, Eng se acongojó y sufrió de tal manera, que hizo retratar en cerámica blanca esta escena para que Mecherraec siempre lleve a su lado el recuerdo de la revelación sobre su vida, que sólo su madre y la maestra Pallar sabían.

Eng pidió a su anciana maestra Pallar quedarse como protectora y consejera de la niña, la cual debía ser instruida en los secretos del mundo mágico-religioso.  Mecherraec estuvo casi todo el tiempo con la maestra Pallar y en estrecho contacto con el cielo, lo cual le permitió, con el tiempo, leer el firmamento y sus fenómenos como si de un libro abierto se tratara.

Cuando Mecherraec fue adolescente sus padres prepararon una reunión con motivo del comienzo del año, ocurrió durante el solsticio de invierno. Invitaron a los dignatarios del valle vecino de Pacasmayo, lugar de procedencia de su progenitor y donde tenía lazos de parentesco. En medio de estas reuniones de confraternidad, Mecherraec conoce y se enamora del príncipe del Reino de Pacasmayo, Cium. A partir de entonces, se visitaron constantemente; así, después de muchos meses de romance, los padres de ambas partes deciden llevar a cabo el matrimonio de sus hijos, para fortalecer la alianza entre los dos reinos.  La boda se produjo en medio de mucha algarabía, fiestas y banquetes. Al poco tiempo, los jóvenes esposos llegaron a tener un hijo que lamentablemente, falleció de una enfermedad incurable, lo que le llevó a la madre hacia una nueva etapa de su vida, de recogimiento y espiritualidad al lado de su esposo. La historia de sus padres se repetía irremediablemente en ella como si el destino lo hubiera marcado así.

Ñofaen, el rey y Eng, la reina del valle de Chicama, padres de Mecherraec, vencidos por los años, decidieron entregarle a los 16 años de edad, el máximo poder del reino. Para la entronización de la nueva soberana, se invitaron a diversas embajadas del Reino y a los altos dignatarios de los valles vecinos. Después de un largo camino, al día siguiente llegaron los invitados a la plaza ceremonial del Templo Mayor, trayendo consigo  presentes como gesto de reciprocidad. En medio de la multitud, reunida en la plaza ceremonial, la nueva soberana fue entronizada con el grado de Cao Mecherraec, siendo colocada sobre su cabeza una corona de metal reluciente con la figura de un felino en el centro, y una porra de cobre, también relumbrante, como símbolo de su poder sobre el reino. Ella llevaba aretes de distintas formas de animales sagrados, también una nariguera de oro y plata con la simbología de la divinidad principal. A partir de ese momento, su palabra sería sagrada. El acto ceremonial fue presenciado por cientos de hombres y mujeres que asistieron al magno evento. En su honra se prepararon rituales de batalla, ritos de caza y lanzamiento de flores. Las armas empleadas fueron entregadas a la soberana como símbolo de su poder e integridad; las guardó durante toda su vida como recuerdo de su imposición real. Cao Mecherraec empezó a dirigir los destinos del reino. 

La maestra Pallar, asistida por un grupo de mujeres, se encargó de los preparativos para la iniciación de la soberana como sacerdotisa y gran maestra. Este rito se realizó dentro del templo, en un recinto especial de purificación donde fue iniciada y tatuada con los símbolos del mundo mágico-religioso. Le aplicaron tatuajes de figuras sagradas y sobrenaturales de serpientes, arañas, caballito de mar y figuras geométricas en los antebrazos y los pies, que proporcionaron a Cao Mecherraec, mucho poder y sabiduría en su futuro mandato.

Los primeros años del  reinado de Cao Mecherraec, fueron prósperos y abundantes. La Pesca y la Agricultura estuvieron en su mejor momento. El pallar fue el alimento básico en la dieta del reino, y mereció ceremonias especiales para su cultivo y cosecha. El pallar también fue usado por la élite para ceremonias de adivinación y observaciones del tiempo con fines agrícolas.

Ñofaen y Eng, los padres de la soberana, murieron a los pocos años, uno después del otro -por la vejez y quebrantada salud-, sepultándose sus cuerpos con gran boato y regocijo dentro del corazón del Templo. Algunos meses después, otro episodio triste se avecinó en la vida de Cao Mecherraec: muere su anciana maestra Pallar, a quien amó mucho. Acongojada después del entierro de su maestra, se retiró durante un mes en el templo. Durante ese tiempo, y contemplando el cielo extasiada, observó señales del advenimiento de un desastre natural enviado por los Dioses, y observó un círculo en la luna como presagio de una gran sequía. Los dioses le ordenaron guardar provisiones y poner  en sobreaviso de un terremoto, lluvias y epidemias. Ante esta revelación misteriosa, la soberana reúne al consejo de ancianos y curacas del valle, y les advierte de las revelaciones que había recibido. Mandó  ejecutar rituales en honor de los dioses benefactores del agua, especialmente para la divinidad principal. El desastre golpeó el reino, sin embargo la población estuvo preparada y supo enfrentar los  daños. El Templo Mayor nuevamente sufrió las consecuencias del terremoto y las lluvias. Cao Mecherraec vio el templo muy afectado por los sismos y ordenó cubrir la vieja estructura arquitectónica, así como otras construcciones del centro ceremonial que habían sido también maltratados por el fenómeno telúrico. Mandó enterrar algunos ídolos, imágenes sagradas y objetos propios de rituales dentro del viejo templo, propiciando así la gran reconstrucción del Santuario. Cientos de hombres dejaron sus esfuerzos en la reconstrucción del Nuevo Templo y el Centro Ceremonial; esta obra demoró muchos años.

Cao Mechearrec fue reconocida por su pueblo como la salvadora de una gran crisis. Fue considerada también una mujer divina, capaz de comunicarse con los dioses y de poderes sobrenaturales para curar. Su nombre se popularizó dentro del reino Moche, alcanzando fama desde el Valle de Moche hasta Lambayeque. Decían, incluso, que mediante apariciones misteriosas llegaba a sanar a quienes la necesitaban. Fue una soberana constantemente llevada en andas de comunidad en comunidad, acompañada de su corte, para dar soluciones diversas y mantener el reino en orden.

Un familiar de la soberana, sacerdote reconocido en una de las comunidades de Chicama (que a su vez participaba en ceremonias periódicas de la lluvia y frecuentaba el santuario de Cao), enfermó de sífilis, contagiado por un paciente a quien trataba de esa enfermedad. Cao Mechearrec lo visitaba periódicamente, pero era otro sacerdote quien se encargaba del cuidado del enfermo. Yació postrado casi un año.     

Cao Mecherraec tenía casi 24 años cuando decidió tener un hijo que heredara su reino. Al poco tiempo quedó embarazada, y esperó con paciencia y cuidado el nacimiento del retoño. Su embarazo estuvo al cuidado de la maestra Cocaec, pariente de su esposo, y que había sido traída del valle de Jequetepeque para  asistir a la soberana.

Una noche, mientras Cao Mecherraec dormía en su habitación, se le apareció un búho grande en la ventana, signo indubitable del fallecimiento de alguien. El ave nocturna, portadora de la muerte, sacudió sus alas y alzó vuelo, perdiéndose entre las sombras de la oscuridad. Conmocionada, contó este hecho a su esposo, quien a partir de ese momento tuvo mucho cuidado con su salud. Al día siguiente, ella empezó a enfermar con dolores y mareos incontrolables. Llamaron de emergencia a la maestra Cocaec, quien llegó rápidamente para asistirla en las serias complicaciones de su embarazo de ocho meses.

Su salud se complicó y fue agravándose cada vez más. De su vientre fue extraído el pequeño y frágil cuerpo de un niño muerto. Hicieron muchos esfuerzos para salvar la vida de Cao Mecherraec, sin embargo su estado se complicó con una de fiebre muy alta, produciéndole convulsiones que precedieron su fenecimiento. Esto causó mucho llanto y dolor entre los presentes.

La noticia de su muerte se extendió por todo el reino y las comunidades vecinas, causando abatimiento y fuerte pesar. El duelo afectó a todos los habitantes, tanto que los sacerdotes de las diversas comunidades realizaron liturgias en su honor, entre rituales y sacrificios de animales.

En el santuario, el Consejo de ancianos encomendó a un grupo de mujeres la preparación de la dignataria para su viaje al otro mundo. Su cuerpo fue limpiado con agua de mar para purificarla, luego se le impregnó polvos de sulfuro de mercurio (o cinabrio). Éste representa los signos vitales y la gloria después de la muerte. Un grupo de tejedoras fueron convocadas para confeccionar el fardo funerario que contendría el cuerpo de Cao Mecherraec.

Fue adornada con joyas y ornamentos personales (nariguera, aretes, collares). Se le preparó un primer fardo cuyo rostro bordado fue impregnado de cinabrio. Los funerales oficiales se llevaron a cabo en la Plaza Ceremonial, con la presencia de embajadores del reino que llegaron a despedirla. El fardo desfiló en brazos de la corte. Su cuerpo estaba sobre una tarima de caña brava envuelta en algodón, adornada por una manta multicolor. Fue acompañada por muchas mujeres, guerreros y sacerdotes. Su partida provocó mucho llanto. Se despedía de este mundo la gobernanta más afamada del reino, considerada una diosa.

Después de la ceremonia pública, el fardo fue guardado en una sala especial durante varios días. Asimismo, se construyó una plataforma en la cima del Templo donde fue depositado su cuerpo. Colocaron las insignias que representaban su poder, y que usó durante su gobierno: coronas, diademas, porras, estandartes de tela forradas con placas metálicas; fueron cocidas con el rostro bordado de un ser antropomorfo (o la deidad protectora) de Cao Mecherraec.

La inhumación se realizó en una ceremonia privada. El fardo fue colocado en una fosa, justo al lado se efectuó la estrangulación de una adolescente para que acompañara a Cao Mecherraec. Dicha acompañante fue envuelta en una manta y colocada a un costado del fardo, de este modo la asistiría en el mundo subterráneo. Pusieron otras ofrendas junto al fardo principal, por ejemplo, una vasija asa estribo fabricado en arcilla caolín con la representación del retrato de la soberana (de niña), cuando era asistida por la maestra Pallar. Adhirieron una vasija del retrato de su padre, que ella había guardado toda su vida. La fosa fue enterrada con troncos sobrepuestos y tierra, sobre la cual incineraron artículos de textil, figurinas, vasijas de cerámica quebradas, alimentos y una serie de enseres que fueron consumidos por el fuego en señal de purificación, renacimiento y votos de santidad. Finalmente, en la esquina de la fosa, se colocó una vasija grande en forma de búho (transportador de la muerte), con la boca sobresalida a nivel del piso para contener el líquido sagrado y honrar a la diosa en el inframundo.

Mientras tanto, otro rito de sacrificio se ejecutó en el Templo. Los escogidos para este fin fueron una doncella especialmente estrangulada para acompañar a la soberana, de la misma manera que se asesinó a un adolescente para que cuidara por fuera. Asimismo, el sacerdote de la ceremonia de la lluvia que estaba con sífilis avanzada, pidió enterrarse junto a la soberana (dieron muerte a un marino para que lo transportara simbólicamente al mundo de los muertos); además de una joven doncella sacrificada por estrangulamiento, colocada a sus pies. Estos individuos acompañarían a la dignataria en su morada final. Los cuerpos fueron rápidamente preparados para su inhumación, todos protegidos por mantas y enterrados para siempre al pie del muro sur con figuras de peces estilizados.

Luego del ritual, los sacerdotes de las comunidades del valle mandaron construir pequeñas capillas en honor a la dignataria. Su nombre se consagró, y fue venerada por siempre. Poco tiempo después, el espacio que albergaba su tumba fue convertido en un recinto-mausoleo, pintado con la figura de la deidad de la muerte; representaciones de felinos, peces de mar y agua dulce en todo el interior. El mausoleo sirvió para rendirle culto a Cao Mecherraec, aparte de otras actividades funerarias de dignatarios que murieron en épocas posteriores.


Foto 1. Brazo derecho de la Señora de Cao, mostrando los tatuajes con formas de serpientes y arañas.


 Foto 2.- Torso de la Señora de Cao con sus joyas y ornamentos. Un cuenco de cobre dorado cubre su rostro.


Foto 3.- Fardo funerario in situ que contiene los restos de la Señora de Cao. Está acompañado de los restos de una adolescente estrangulada y ofrendas de cerámica.


 Foto 4.- reconstrucción gráfica del templo de Cao Viejo donde se descubrió la tumba de la Señora de Cao.


 Foto 5.- Reconstrucción gráfica del recinto-mausoleo donde se encontró al tumba de la Señora de Cao y sus acompañantes.


Foto 6.- reconstrucción de la Señora de Cao con sus emblemas y ornamentos.