José Tola

No aspires a lo imposible
pero agota el campo de lo posible.
A.Camus

(Maybe, baby.
How knwos, baby).
B.dylan

Cuando empecé a hallar mi mundo, empecé también a cercarlo, amurallarlo, a encerrarme en el, con paredes a veces alquiladas, otras prestadas o ajenas. Sentí que la pintura, el arte se había instalado en mí. Que le había abierto la puerta y cerrado para que no saliera jamás. Ese comenzó a ser mi mundo. Todo aquello que pudiese enriquecerlo: lo tomaba. Las experiencias vividas. Los viajes interminables. Las vidas ajenas. Los amores y las grandes desilusiones me enseñaron mucho. El odio me alimentó, al igual que la cólera. El amor, el sexo, la lujuria, la violencia, cada uno de ellos y los demás fueron llevados a sus extremos. Los valores aprendidos de mis padres, de la sociedad fueron mutando a propios, valores creíbles para mí (o solo para mí) con sentido dentro de mi vida. Crear, pintar o el arte me volvió egoísta. A centrar mi vida en ello. A descartar lo banal, lo improductivo. Lo inútil. A crear distancias. Abismos. A desconocer realidades comunes, ajenas, tediosas, estériles, hipotecadas por la desilusión, la decepción…y los eternos etcéteras. Era entrar en un mundo que debía de construir desde sus cimientos. Tenía la visión… y el resto lo apartaba de mí. Lo camuflaba para olvidarlo. Lo bloqueaba. O, en las noches de frío, hacia hogueras con ellas para calentarme. Me volví cruel, brutal, exigente conmigo mismo. La persistencia. La perseverancia llenaba mi mente. Mi idea cada vez era más clara, el horizonte cada vez –ilusoriamente- más cercano, pero al menos sabia ya cual era mi camino. El destino elegido, sus consecuencias y adiviné que lo más cerca a la verdad es lo falso. Aprendí a confrontarme. A cuestionarme. A dudar del conocimiento aprendido. A transgredir las reglas inculcadas. (Uno debe vivir con sus ideas y no con ideas de segunda o tercera mano.)Cada vez mi cerco se cerraba más. Se volvió un cubículo de 2 x 2 metros. Era el Triunfo del superego, después de todo. Mi gran celda. Eso era lo logrado. Después de tantos años de esfuerzo ese era el resultado. Es duro. Duro para mi y duro para quien lo busque, pero allí, solo allí está la maravilla que nos deslumbra. Que nos asombra. Lo que te da una fortaleza y razones para continuar viviendo. “Alimentándote” para seguir allí: en el mundo que tanto ansiaba. Es muy fácil pasar de allí a la locura, a los desordenes mentales si no sabes cosechar lo sembrado y darle un valor aplicable, a hacer resúmenes, a “acortar” tu vida. A conocer el tiempo dentro de otra dimensión. Crear te da una fuerza inagotable. Parecerán una fantasía o un desvarío mis palabras. No. No es así. Hay aun aquí adentro mucho que aprender donde ni la paciencia es un don, ni la terquedad una virtud. Aquí, es solo aquí. Mirando. Viendo todo. Un mundo alrededor poblado de tentaciones inservibles, triviales. Tentaciones vacuas. Tentaciones que te comen tu vida, tu tiempo. El ocio es tan bueno como la meditación o ambas tan malas como el aburrimiento. El no saber que hacer es tan inútil como un crucigrama, un mata-tiempo. Pensar en el aire. Es lo fácil. Pensar sobre un papel. En tu escritorio o tú mesa. O delante del cuadro o de lo que vas a hacer, allí es donde empieza tu vida a brotar, a sacar aquello que llevas dentro. Lo guardado. Atesorado. Tus alimentos terrestres. Tus visiones reales o no. Tu comprensión. Tu entendimiento de lo que es uno. Te guste o no. No creerlo o si, carece de importancia. Las verdades son transitorias dentro de tu tiempo, de un instante de tu vida. Nada es estable. Las cosas pasan y cambian como las mareas. Solo tu ojo debe avizorar tu propio destino. El ser, tu realización personal, todo esto es inalcanzable, a sabiendas. El gran esfuerzo es inútil pero valido para continuar existiendo. Una gran batalla contra nada o contra ti mismo. Eso es todo y no por eso hay desilusión alguna. La cultura no te da el conocimiento ni sabiduría. Al igual que la sensibilidad, no se aprende ni en la universidad ni en los museos. Lo que te olvidaste de sembrar en ti, por más que lo riegues, no crecerá. -El tiempo que perdiste por tu rosa es lo que hace importante a tu rosa – repitió el principito a fin de no olvidarse. Pero el tiempo que se pierde por algo vacío, inocuo, es como ver indiferente tu vida pasar ante ti o como quien ha perdido el (su) tren en cualquier momento de la vida, sin darte cuenta o sumido en “banalidades o necesidades materiales”. Esas cosas se dan solas, no necesitas buscarlas. Están allí y siempre estarán allí para los ilusos. Pero lo tuyo, lo vivido al perderlo lo veras como algo ya no tuyo, algo que dejas de sentirlo propio. Como que ya fue. Ajeno a ti. Lo que debes hacer hazlo, y hazlo ahora. Ahora es el momento. Tu tiempo. No lo eternices que “el encanto” se pierde tan callando. No esperes. Que otros esperen, no tú. Recuerda esto si quieres. Lo que rodea mi vida desde mi nacimiento hasta ahora a los 70 años parece no haber cambiado. Mi padre y mi madre aun viven. Tengo familia, hermanos/as, hijos e hijas, de esta unión o de otras pasadas. He sido atropellado. Apedreado. Insultado. Atado de manos y pies. O, clavado. Encarcelado. Recluido. Lo que les de la gana. ¿Importa eso? ¿Le importa a alguien mi vida o yo? También se del peligro que “corro” viviendo en su mundo. Este, su mundo, es como para no estar en él. Es un mundo lucrativo y de usura, de brutal competividad. Un mundo ya fuera del sentido común, donde las grandes ambiciones se mezclan con guerras, con el rentable tráfico ilícito de armas, drogas, prostitución. Dentro de una sociedad donde grandes desniveles económicos o existenciales, impera la hipocresía, la inmoralidad, el infundio, el engaño. La falta de respeto, la decencia personal. En resumidas cuentas la diferencia entre el extremo lujo, el derroche, la ostentación, roza impunemente contra una extrema e inhumana pobreza. Ello es solo una bomba de tiempo de la que nadie cree posible oírla un día estallar. Cada uno dentro de su escala es lo mismo: Donde se puede “exprimir” o dominar, se exprime y se domina… Esta es en verdad, sin duda alguna, una o por una de estas imbecilidades, que no me vale vivir allí o acá presente. Cada día encerrado en mi mundo trato de entender algo más del ser humano o cual es su destino aquí en la tierra –al menos el mío- y llegar a su realización, mientras se avanza con una idea fija a un lugar al cual no se llegará, salvo -que sea- solo fracasando o perdiendo tus ideales y tu fortaleza. Así lo creo, hasta que Dios me diga lo contrario.